Home » Recurso de casación » Seminario sobre la Justicia Administrativa » Cómo va quedando la casación contenciosa

Cómo va quedando la casación contenciosa

Hace algún tiempo, en un artículo sobre los poderes del Tribunal Supremo en la nueva casación contencioso-administrativa, decía que la regulación de la LJCA está sustancialmente abierta a la interpretación procesal del propio Tribunal. De manera que el orden casacional podía dirigirse, según opción legítima de la propia Sala de lo Contencioso-administrativo del Tribunal Supremo, hacia un sistema de selección discrecional de asuntos o hacia un sistema reglado de admisión, (basado en la comprobación de que se dan los requisitos exigidos por los arts. 86 y siguientes de la LJCA). Ahora, una vez en marcha la nueva casación contenciosa, y a la vista de los numerosos autos de admisión y de queja ya dictados por la Sección de Admisión, se pueden enunciar algunas hipótesis sobre cómo el Tribunal Supremo va configurando el nuevo régimen casacional contencioso.
En primer lugar, y del modelo de selección de asuntos por el Tribunal Supremo norteamericano, la Sala de lo Contencioso-administrativo española ha preferido construir un sistema causal y formalmente reglado de admisión, expresado en tres ideas concatenadas:

a) Todo recurso de casación, para ser admitido, debe presentar un “interés casacional objetivo” que trascienda del interés subjetivo del caso concreto. Pero el interés casacional objetivo no es una exigencia legal abstracta, sino que se ha de expresar necesariamente a través de algunas de las “circunstancias” del art. 88.2 LJCA o de los “supuestos” del art. 89.3 LJCA. De ahí que se exija imperativamente que en el escrito de preparación del recurso se haga mención expresa (y justificada) de uno o varios de los supuestos de interés casacional objetivo enunciados en el art. 88.2 y 3 LJCA (AATS de 5 de abril de 2017, RC 628/2017; 4 de julio de 2017, RC 1461/2017). Aunque formalmente es posible que el interés casacional no se apoye en alguno de los supuestos del art. 88.2 y 3 LJCA, esta posibilidad se califica expresamente por la Sección de Admisión como “excepcional” (ATS de 15 de marzo de 2017, RC 93/2017). En su evolución, el sistema va decantando hacia un doble “test” de admisión: que el asunto sea subsumible en alguno de los “supuestos” del art. 88.2 y 3 LJCA; y que adicionalmente, a través de esa subsunción, se evidencie la existencia de un interés casacional objetivo o trascendente (ATS de 8 de marzo de 2017, RC 75/2017).

b) La apreciación del interés casacional, canalizado a través de uno de los “supuestos” del art. 89.2 y 3 LJCA, depende más de la argumentación del recurrente que de la apreciación de la Sección de Admisión. La Sección de Admisión basa con frecuencia sus resoluciones de inadmisión en que el escrito de preparación no ha justificado suficientemente la concurrencia de alguno de los supuestos de interés casacional objetivo del art. 88.2 y 3 LJCA (AATS de 8 de marzo de 2017, RC 40/2017; 16 de octubre de 2017, RC 2787; 14 de diciembre de 2017, RQ 426/2017; 18 de abril de 2017, RQ 105/2018). En esto, la evolución del sistema casacional contencioso es parecida a la experimentada en el Tribunal Constitucional en relación con el recurso de amparo. Pues el recurso de amparo sólo es hoy admisible si el asunto presenta “especial trascendencia constitucional” (art. 50.1 b) LOTC). Y lo cierto es que las resoluciones de inadmisión se motivan normalmente por medio de un reproche procesal al recurrente, porque no ha conseguido justificar suficientemente la “especial trascendencia constitucional” de su asunto. De forma similar, el Tribunal Supremo nunca declara que un recurso de casación carece de interés casacional, sino que reprocha al recurrente que no ha conseguido esgrimir argumentos convincentes sobre la posible subsunción de su asunto en uno de los “supuestos” de interés casacional enunciados por el art. 88.2. y 3 LJCA.

c) Aunque el art. 88 LJCA había distinguido netamente entre las posibles “circunstancias” acreditativas del interés casacional (art. 88.2 LJCA) y algunas “presunciones” de interés casacional (art. 88.3 LJCA), lo cierto es que finalmente la Sección de Admisión ha simplificado el sistema. Pues todos los supuestos del art. 88.2 y 3 LJCA son, en realidad, posibles causas de admisión cuya concurrencia y relevancia corresponde argumentar al recurrente. La LJCA permitía que con carácter general la Sección de Admisión seleccionara con amplia libertad los recursos admisibles (pues sólo tiene que motivar por auto la admisión, no la inadmisión). Y sólo para algunos tipos de asuntos concretos (los del art. 88.3 LJCA) la ley suprimía ese poder de selección tendencialmente discrecional de la Sección, y optaba por la admisión generalizada. Pero los autos de admisión o inadmisión ya dictados muestran otra cosa: en la práctica se equiparan todos las “circunstancias” y todos los “supuestos” del art. 88.2 y 3 LJCA, bajo la idea de que todos ellos permiten la admisión siempre y cuando el recurrente justifique suficientemente la subsunción de su caso en una “circunstancia” o en un “supuesto” casacional y que dicha subsunción evidencie el interés objetivo de sus asunto (así: AATS de 8 de marzo de 2017, RQ 75/2017); 24 de abril de 2017, RC 611/2017).

 

Aunque el recién descrito no era el único desarrollo posible del nuevo orden casacional, pues la regulación de la LJCA estaba sustancialmente abierta, lo cierto es que es una evolución previsible y razonable. En primer lugar, la propia legitimidad del poder jurisdiccional, exclusivamente apoyado en el principio de legalidad, favorece un sistema causal o de “supuestos” para la admisión, más que una selección discrecional de casos. En segundo lugar, la simple existencia de un trámite de preparación del recurso (ante el órgano judicial “a quo”) donde es carga procesal del recurrente la explicación de qué “supuesto” de interés casacional concurre en su caso, y por qué, ya anunciaba que luego el juicio de admisión del Tribunal Supremo sería normalmente causal; y que la inadmisión se basaría más en un defectuoso levantamiento de la carga procesal de justificar el interés casacional que en la libre apreciación de la Sección de Admisión. Por último, la opción legal de que la admisión fuera de una Sección específica de la Sala (la primera), y no de la Sala en pleno (lo que era difícilmente articulable) ya permitía prever que la Sección de Admisión no actuaría bajo un criterio discrecional de apreciación, sino mediante una argumentación reglada. En suma, si bien la opción legal por la providencia como forma ordinaria de inadmisión (dejando el auto motivado sólo para los supuestos del art. 89.3 LJCA) favorecía una evolución del sistema hacia la selección cuasi discrecional de asuntos, otros elementos normativos y organizativos de la regulación legal han decantado finalmente el sistema hacia la admisión formalmente reglada de los recursos.

Lo dicho no impide que, como también ocurre en el Tribunal Constitucional, bajo la apariencia de un sistema formalmente reglado de admisión lata un margen considerable de apreciación por parte de la Sección de Admisión. Primero, porque las “circunstancias” y los “supuestos” del art. 88.2 y 3 LJCA son muy amplios, y remiten a conceptos tan indeterminados como que la resolución recurrida establezca “doctrina gravemente dañosa para los intereses generales” (art. 88.1 b) LJCA) o que “afecte a un gran número de situaciones” (art. 88.2 c) LJCA); y segundo porque aunque la carga de justificación del interés casacional pesa sobre el recurrente, en última instancia es la Sección quien se puede considerar convencida con muy pocos argumentos o no considerarse convencida (del interés casacional objetivo) por muy abundantes que sean los argumentos del recurrente.